Jueces 15: Venganza cruel con final piadoso

Nota: para disfrutar y entender mejor la lectura de este artículo, sugerimos que leas previamente los capítulos 13 al 15 del libro de Jueces.

Sansón es de alguna manera un reflejo de la vida de Israel, su vida es un resumen de todo lo que le pasó durante la época de los jueces. Separado para Dios pero nunca pudo aceptar los términos de esa separación. Así como Israel fue tras dioses ajenos, Sansón fue tras mujeres ajenas, o por lo menos ajenas a su tierra. Y así como Israel clamó a Dios en medio de su desesperación, así mismo lo hizo Sansón, y en ambos escenarios Dios respondió. En un sentido muy literal, Sansón era Israel. A pesar de todo, finalmente es Dios quien resulta triunfante. Los filisteos junto con sus dioses son derrotados, y Sansón aceptó las cláusulas de su destino. Es una historia realmente trágica, pero también llena de gloria y esperanza. (Carson, France, Motyer & Wenham, 2003).

Sansón, ¿juez consciente o inconsciente?

Si se da por sentado que la madre de Sansón le enseñó e inculcó cuál era su tarea como juez en Israel repitiéndole las palabras del ángel antes de su nacimiento (Jue 13:3-5), y siguiendo este argumento, se debe leer todos los actos de Sansón, que para el lector desprevenido pueden responder a pataletas de niño grande, como un plan perfectamente diseñado para llevar a cabo su tarea.


El problema es que Sansón es un personaje con muchas aristas difíciles de distinguir. Cuando se le describe con todos sus matices, pareciera que no cumple las características de un “juez típico”. Pero el juez típico solo existe en nuestra imaginación (Cundall, Morris, 1968). No obstante, Sansón se sale de cualquier tipo dentro de los estereotipos. Combina el tener el espíritu de Dios y el voto nazareno con las relaciones ilícitas con prostitutas y mujeres de moral dudosa como lo dice Cundall y Morris (1968). Por la manera en que Sansón responde a cada uno de los conflictos que se le presentan, pareciera que no está al control, que es como un automóvil sin frenos. Todo parece indicar que parece ser una combinación de ambas. Sansón sabe qué es lo que debe hacer, pero pareciera que no planea ni sus acciones, ni tampoco mide las consecuencias de su temperamento y personalidad voluble. Sansón se interesa por una mujer que no es del pueblo de Israel (Jue 14:1-3), una filistea que a los ojos de sus padres era inconveniente. Y aquí nos podríamos encontrar de nuevo en una encrucijada con respecto a Sansón y sus decisiones. El texto dice que él vio a la mujer y que habló con sus padres para que la pidieran como su esposa. La vio y le gustó. Sin embargo, el texto también dice que el Señor buscaba ocasión para confrontar a los filisteos (Jue 14:4). En este episodio en particular se deja ver a un Sansón llevado por sus “deseos carnales” y al mismo tiempo a Dios obrando para llevar a cabo sus planes de liberación.


Los comentaristas no se ponen de acuerdo en este tema. Algunos apoyan la idea de que Sansón no era consciente de su llamado y actuaba deliberadamente (Wilcock, 2009), mientras que otros optan por afirmar que Sansón sí estaba consciente de todo lo que hacía y que cada una de sus acciones fue planeada con objetividad (Ryan, 2007).
Lo que sí es claro en toda la historia de Sansón, es que inició, como lo profetizó el ángel, la liberación de los israelitas a manos de los filisteos y David más tarde la completó (Carson, et ál., 2003).

Jueces 15:1-3 Sansón: el romántico

Mientras nos adentramos en el capítulo quince de Jueces, veremos cómo el autor se mueve en medio de dos elementos. Primero la ironía dramática, que deja en mala posición a todos dentro de la historia. Entendiendo que la ironía cumple varias funciones, tal como lo dice Bar-Efrat (2003, p. 159): “hacer crítica, realzar un acontecimiento escandaloso o enfatizar una situación dramática”. Y segundo elemento es la venganza. La narración de principio a fin huele y sabe a venganza, y este elemento se ve muy marcado en cada uno de los diálogos. (Alonso, 1993). Además de la venganza el autor narra con frialdad las acciones crueles de todos los actores protagonistas, y cómo literalmente se van poniendo estas una encima de la otra. Como en efecto dominó, una acción violenta lleva a otra aún más violenta.


A Sansón se le había pasado la furia que lo había llevado a separarse temporalmente de su esposa después de la boda, y es cuando decide regresar a su rol como esposo. Regresa con un espíritu conciliador y por decir menos, como dice el viejo dicho “con el rabo entre las patas”, pero la verdad, lo que trae es un cabrito entre los brazos. Un cabrito que es señal de su arrepentimiento y que deja ver en su dulce regreso las palabras que toda mujer desea escuchar después de una equivocación como la suya: “lo siento, me equivoqué, no lo vuelvo a hacer”. Además el texto deja ver que Sansón aparte de la reconciliación, quería estar con su esposa, “me voy a llegar a su recámara”. Esto no significa otra cosa que Sansón deseaba ávidamente estar con ella en la intimidad. Pero qué sorpresa para él cuando el padre de su (ex)esposa le cuenta que él había decidido dársela a uno de sus amigos. “Pensé que la odiabas, dijo el padre”. Él había llegado a esta conclusión, por la reacción de Sansón después del inconveniente de la adivinanza y su partida de manera alterada, y pensó que lo mejor era casar a su hija con otro hombre y así regresarle su honra.


No lo dejó entrar. Conociendo el temperamento incendiario de Sansón, rápidamente propuso una solución al problema y le sugirió tomar a la hermana menor como sustituta de su esposa. Pero a Sansón no le gustó para nada la propuesta y aprovechó esta situación para agraviar a todos los filisteos. Esta parte del relato Brettler (2002) sugiere que debe ser leída de la misma forma en que se lee Proverbios 9, como aquellas historias que ilustran este tipo de situaciones, donde se advierte el peligro de las mujeres extranjeras. Es una advertencia para los lectores de lo peligroso que puede resultar desobedecer la ley del Señor.

Jueces 15:4-8 Ojo por ojo, esposa por cosecha

La acción particular del padre de la esposa de Sansón se convirtió en una venganza para toda la ciudad de Timnat (Keil & Delitzsch, 2008). De lo particular a lo general. Quemar los cultivos era un método de venganza muy común en el mundo antiguo (2 Sam. 14:28-31) ya que las consecuencias eran muy serias (Cundall, Morris, 1968). Acabar con todo un sembrado no solo afecta la subsistencia sino la economía de toda la ciudad.


Primera ironía: el ejército de Sansón no son hombres fuertes y armados dispuestos para la guerra, sino trecientas zorras atadas por la cola. A diferencia de jueces anteriores, Sansón nunca concentra a los israelitas como ejército para la batalla en contra de los filisteos (Martin, 2008). Varios comentaristas (Keil & Delitzsch, 2008; Chavalas, Matthews, Walton, 2004) creen que los animales que se presentan aquí son chacales, ya que se parecen a las zorras y se clasifican dentro de esta familia. Además como andan en manada son más fáciles de cazar. Sansón se tomó el trabajo de cazar las zorras, atarlas por la cola, prenderles fuego y enviarlas estratégicamente por todo el cultivo para quemarlo (Ryan, 2007).


Lo que sucede a continuación es llamativo. Por la fama de Sansón, los filisteos no demoraron en saber quién había iniciado el fuego (Cundall, Morris, 1968; Keil & Delitzsch, 2008), y no enfrentaron a Sansón sino que se desquitaron con la familia de su esposa. Para los filisteos era más fácil matar al padre y a su hija que capturar a Sansón (Cundall, Morris, 1968). Otra vez aquí, igual que Sansón, no se enfrenta al problema directamente sino que se intenta solucionarlo (o mandar un mensaje) afectando a un tercero.


Segunda ironía: en Jueces 14:15, la esposa de Sansón es amenazada: -“te quemaremos”- sino revelaba el acertijo que había propuesto Sansón y ella en vez de acudir a él para que la protegiera, lo engañó. Y el texto muestra cómo trágicamente termina esta mujer que evitando ser quemada, es conducida por el destino y la maldad de otros a un horno encendido sin posibilidad de retorno.


Hasta este punto hemos notado cómo la violencia se va recrudeciendo cada vez más. Una cosa empuja a la otra. La respuesta de Sansón al enterarse del asesinato de su esposa junto con su Padre, no se hizo esperar, y otra vez aparece aquí el lenguaje de la venganza: “Puesto que actuaron de esa manera, ¡no pararé hasta que me haya vengado de ustedes!”. Diciendo de alguna manera “si ustedes son capaces de hacer esto yo también puedo hacer algo peor”. Sansón los atacó con violencia. Aunque su esposa lo había engañado con lo del acertijo, y su suegro había entregado a su esposa a un amigo, Sansón actúa como juez justo vengando la muerte de estos (Ryan, 2007). La expresión hebrea utilizada aquí para referirse al ataque de Sansón: “Herir cadera sobre muslo”, es una locución proverbial para indicar una matanza cruel y despiadada (Keil & Delitzsch, 2008). Después de este episodio Sansón se va a vivir a la cueva de Etan, quizás porque temía de represalias (Cundall, Morris, 1968) o esperando la siguiente oportunidad para atacar a los filisteos (Ryan, 2007).

Jueces 15:9-13: Los buenos están del lado de los malos

“Subieron los filisteos”, denotando la avanzada de un ejército (Keil & Delitzsch, 2008, p. 739). Tercera ironía: Los que se suponen que deben defender a los suyos lo terminan traicionando, entregándolo al enemigo. Es como una fuerza secreta que no espía a los malos sino a los buenos. Cuando los de Judá se percataron de la visita y del porqué estaban allí decidieron ir a buscar a Sansón. Esta es la primera vez que se menciona un ejército organizado en el libro de Jueces, y no fue para ayudar a Sansón, sino para capturarlo y entregarlo a los filisteos (Jaramillo, 2002). En lugar de reconocer a Sansón como la persona que Dios había levantado para que los liberara, en vez de rodearle y apoyarle, los de Judá estaban tan degradados que le rodearon pero para apresarle (Keil & Delitzsch, 2008). Al respecto Alonso (1993, p. 506) dice: “¿No hubiera sido mejor enviar tres mil hombres contra el enemigo común, los filisteos?”.


El texto muestra un halago para Sansón: tres mil hombres fueron a buscarlo y le pidieron permiso para atarlo, reconociendo de alguna manera sus grandes habilidades. Los hombres de Judá reclamaron a Sansón por lo que hacía y le manifestaron el motivo de su visita. Sansón les hizo jurar que no lo matarían y accedió que lo ataran con cuerdas nuevas (Keil & Delitzsch, 2008). Las cuerdas o sogas nuevas son más fuertes y más flexibles y, por lo tanto, más seguras que las secas (Ryan, 2007; Chavalas, et ál., 2004). Estas mismas cuerdas van a ser motivo central en el siguiente capítulo (Alonso, 1993).

Jueces 15:14-16: Victoria cruel

Cuarta ironía: Valiente gracia de los filisteos al llegar con un contingente de soldados, haciendo gritos de victoria contra una sola persona que estaba atada. Entre otras cosas, cantando victoria antes de asegurarla, sin saber lo que se les venía encima. Los filisteos hicieron “gritos de victoria, de júbilo” (como en 1 Samuel 17:52), veían en Sansón a su enemigo, él representaba a Israel, el de los comienzos, y todo lo que pasó a continuación les dio la razón (Wilcock, 2009). El Espíritu de Yahvé vino sobre Sansón y las cuerdas que lo ataban “se volvieron como lino fino quemado, y las ataduras de sus manos se deshicieron”. Esta expresión es un paralelismo poético para describir la victoria que celebró Sansón sobre los filisteos en el poder del Espíritu de Yahvé (Keil & Delitzsch, 2008). En el mismo momento en que quedó libre de las sogas, tomó una quijada de burro fresca que estaba a un brazo, provista de manera casi milagrosa. Estaba puesta justo en el sitio indicado. La quijada del asno tendría aproximadamente un poco más de 22 cm de largo y pesaría casi media libra. Debió estar levemente curva, y por estar fresca tener muchos dientes todavía, lo que mejoraba notablemente la efectividad como arma (Chavalas, et ál., 2004).
Los filisteos son humillados nuevamente, esta vez con la que sería la comida de un perro (Ryan, 2007). Sansón compone un corto compás poético de cuatro líneas (Keil & Delitzsch, 2008; Ryan, 2007): “Con la quijada de un asno, montones sobre montones, con la quijada de un asno he matado a mil hombres”. Keil y Delitzsch (2008, p. 739) sugieren que la expresión “un montón, dos montones” o “montones sobre montones”, señalan a que la hazaña de Sansón ocurrió en varios encuentros y no en uno solo.

Jueces 15:17-29: Final piadoso

Sansón arrojó y bautizó aquel lugar con el nombre de Ramt-lehi o Colina de quijada. Esta batalla dejó debilitado a Sansón y con miedo a morirse de sed, lo que dice el verso 1 recuerda que era tiempo de la cosecha y por consiguiente un clima de verano muy caluroso (Keil & Delitzsch, 2008).


Quinta ironía: Sansón el hombre que ha matado a un león con sus propias manos y que ha enfrentado a los filisteos sin miedo causando una gran mortandad, ahora tiembla de miedo porque no hay agua y cree que va a morir de sed.
Sansón clamó al Señor por auxilio. Reconoce en sus palabras, que fue gracias y por medio de Dios que pudo obtener esta victoria. Se presenta a Sansón plenamente convencido de que su pelea era por causa de Dios. (Keil & Delitzsch, 2008). Y el Señor respondió a su plegaria, abrió la cuenca de Lehí para darle de beber y reanimarlo. Este episodio de Sansón recuerda uno parecido al de Elías, cuando después de hacer una gran matanza en nombre de Dios a los sacerdotes en el Monte Carmelo, se deprime post-victoria y pide a Dios que le quite la vida (1 Re 18:16-19:9). En la escena de Sansón como también pasó con Elías, Dios responde con piedad para con sus siervos.
El último verso es una conclusión previa de Sansón como juez, conclusión que se repite al final del capítulo siguiente.

Conclusiones

En la tradición cristiana se ve a Sansón como un “líder carismático” (Martin, 2008; Philippe, 2005). Entendiendo el carisma como la capacidad de suscitar admiración o adhesión en las personas que rodean al individuo, las hazañas en solitario de Sansón parecen contradecir esta afirmación. No obtuvo el apoyo de su pueblo, hasta el punto que este creyó que era mejor entregarlo al enemigo que seguir lidiando con él. Y peor aún, hasta en su hogar no contó con el apoyo de los suyos. Sus padres estuvieron en desacuerdo con sus decisiones. Sansón es más bien de esos personajes enigmáticos que la gente quiere saber de ellos, quiere estar cerca de ellos, tan cerca como a diez metros. Más de eso no. Porque aunque reconocen en ellos valores buenos, estos son nublados por los valores malos. Von Rad dice que Sansón tiene “una cierta simplicidad y un alto grado de ingenuidad, que nos los presentan como un niño grande, con el que uno no puede enfadarse en serio” (1996, p. 48), y sus acciones de venganza lo demuestran.


En este relato hay buenos que actúan como malos y malos que actúan como malos. No hay ni un solo justo, a excepción de Dios, que es el único que se muestra piadoso en medio de este relato de venganza, odio y violencia. Dios aunque parece estar distante en la narración, está presente desde el comienzo, en cada uno de los detalles, dirigiendo cada acontecimiento, y apareciendo de tal manera que el mismo Sansón lo pudiera reconocer.
A los filisteos no se les puede ver como solo victimas aquí. Son víctimas pero también victimarios. Al cumplir sus amenazas temerarias y quemar despiadadamente a la mujer junto con su padre demostraron de qué estaban hechos. En su venganza, no respetaron ni la vida de sus propios coterráneos haciendo un holocausto con ellos. Aquí se muestra la frialdad y depravación en que estaban sumidos los filisteos.


Esta cita de Navarro (1995, p. 89) resume cómo ha de verse este relato hoy:
Tal vez por todo esto, el libro de los Jueces resulte tan actual, tristemente. Nuestro mundo ha llegado a casi divinizar la violencia. Mucha gente se rebela ante el silencio de Dios, ante lo que cree que es silencio de Dios, tal vez porque cuesta reconocer en el clamor de las víctimas inocentes el grito mismo de Dios. O porque no se atreve a descifrar el enigma de signos tan terribles como la violencia mimética de adolescentes y niños, tan crueles como los mayores.

Hace un tiempo salió publicada en el tiempo.com una noticia con el siguiente titular: “La venganza que acabó con cinco vidas en Antioquia”. La noticia relataba el pleito entre dos familias, los Suárez y los Bedoya. Este pleito por unos cigarrillos empezó un Día de la Madre entre miembros de las dos familias. En medio de la discusión, un miembro de la familia Suárez se fue por un barranco y se mató. Esta fue la circunstancia que motivó este hecho violento.


Francisco Suárez llegó a la casa de Nolberto Bedoya junto con tres hombres más a vengar la muerte de su hermano Jorge Suárez. Aunque habían pasado ya 17 años, el odio que sentía por los hermanos Bedoya lo llevó a cometer este homicidio. Después de dejar a Nolberto sin vida en su propia cama, los cuatro asesinos fueron perseguidos por los vecinos que, al escuchar los gritos del campesino, reaccionaron también violentamente y un homicidio se multiplicó por cinco. Tomaron la justicia por mano propia y acabaron con la vida de los asesinos.

La historia de Jueces 15 es una historia que si la leemos sin reflexión podemos llegar a pensar que esa violencia y venganza no se trata de nosotros. Pero no debemos equivocarnos. La Biblia es un libro que especialmente interpreta a sus lectores. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y esto incluye el deseo de ver y vivir la justicia. Por eso nos indignamos cuando los malos -triunfan- cualquiera sea el escenario. Anhelamos justicia con todas nuestras fuerzas, la procuramos así en algunos países de esta Latinoamérica pareciera solo una utopía.
Cuando la justicia se va de vacaciones sin boleto de regreso (cuando cojea pero nunca llega) propicia el escenario natural para que aparezca el sentimiento de venganza. Queremos que los corruptos paguen, que los violentos mueran, que el jefe tirano tenga su merecido y que el esposo maltratador se lo lleven a la cárcel para que no regrese más.


Pero el deseo de venganza no solo se manifiesta a estos niveles de violencia y relaciones. También aparece en medio de las relaciones familiares y de amigos. Deseamos que a una persona que nos cae mal no le vaya tan bien, celebramos cuando alguien con quien hemos estamos enojados no le ha resultado algo que le traería bienestar.
El deseo de venganza hace nido en nuestros corazones y debemos cuidarnos de que no incube. Si se trata del deseo -y pecado- de la venganza también somos culpables. No estamos entonces tan lejos de lo que se retrata de Sansón en el libro de jueces.


¿Qué hacer entonces con este deseo? Según la Escritura, cuando experimentemos injusticia debemos acogernos a lo que dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: «Mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor». (Romanos 12:17-21). Es decir, descansemos en que Dios algún día juzgará cada injusticia que hemos experimentado, sea aquí en la tierra o en el juicio final. Dios, quien es el único ser perfecto y de autoridad moral suprema, se encargará de poner todas las cosas en orden, y nuestras almas quedarán satisfechas. Cuando intentamos hacer justicia por nuestras propias manos estamos sustituyendo precisamente este atributo del carácter Dios, la justicia. Por otra parte, esta actitud también muestra que desconfiamos de la aplicación de justicia por parte de Dios.
Pero si el deseo de venganza no es justificado, debemos acudir a la cruz, no solo para arrepentirnos de este pecado, sino para imitar al maestro, que en medio de su cruel muerte, y con razones para tener sentimientos contrarios suscitó estas palabras: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Referencias

Alonso Schökel L. (1993). Biblia del Peregrino. 3 vols. Madrid: Editorial Mensajero.

Bar-Efrat S. (2003) El arte de la narrativa en la Biblia. Madrid: Ediciones Cristiandad.

Brettler M. (2002). The book of Judges. London: Routledge

Carson, France, Motyer & Wenham. (2003). Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno, Antiguo Testamento. Editorial Mundo Hispano.

Chavalas M, Matthews V, Walton J. (2004). Comentario del contexto cultural de la Biblia, Antiguo Testamento. Texas: Editorial Mundo Hispano.

Cundall E, Morris L. (1968). Judges & Ruth. Tyndale Old Testament Commentaries. Illinois: Inter-Varsity Press.

Jaramillo L. (Ed.) (2002). Biblia de Estudio NVI. Miami: Editorial Vida.

Keil C, Delitzsch F. (2008). Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento, Pentateuco e Históricos. Barcelona: Editorial Clie.

Martin, L. (2008). Power to Save!?: The Role of the Spirit of the Lord in the Book of Judges. Journal Of Pentecostal Theology, 16(2), 21-50.

Navarro, M. (1995). Guía espiritual del Antiguo Testamento. Los libros de Josué, Jueces y Rut. Barcelona: Empresa Editorial Herder S.A.

Ryan R. (2007). Judges. Sheffield: Sheffield Phoenix Press

Schökel L. (1998) (2da. Ed.). Biblia del Peregrino, Antiguo Testamento. Vizcaya: Ediciones Mensajero, Ediciones Ega y Editorial Verbo Divino.

Vargas, V. (2012). La venganza que acabó con cinco vidas en Antioquia. Recuperado el 22 de mayo de 2013 de http//

Von R. G. (1996). La acción de Dios en Israel. Valladolid: Editorial Trotta.

Wilcock M. (2009). Jueces. Barcelona: Publicaciones Andamio.

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