La gratitud y la adoración que brotan de la perfección del Hijo – Hebreos 12:18-29

El autor de esta carta ha presentado varios temas cuyos caminos hemos ido transitando mientras leímos la carta. Esta sección que acabamos de leer representa la cúspide de todo lo que el autor ha desarrollado desde el capítulo 1 hasta el 12. Aquí encontramos la promesa y la ciudad que apuntan hacia adelante y la respuesta adecuada al hallarlas.

Lo primero que notamos es la imagen con la cual el autor quiere retratar el terror de los israelitas frente al Sinaí. Debemos recordar que en Ex 19 se nos dice que cualquier pecador no invitado que tocara el monte moriría y cualquier animal que se acercase debía ser apedreado. Sin embargo, ese fue el lugar en el que el pueblo de Dios recibió la Ley, el antiguo pacto. Allí fue a donde se acercaron los israelitas, pero este es un lugar al que el autor está advirtiendo que no deberíamos ir.

En contraste, los cristianos se acercaron a la Jerusalén celestial. Esta es una ciudad cuyos cimientos fueron colocados por Dios mismo, tal como podemos leer en el Salmo 87, Isaías 33 y 54. Según Isaías 54, esta es la herencia de los siervos de Dios. Esta es la ciudad que Abraham vio según Hebreos 11. Además, esta herencia, la ciudadanía y la entrada a esta ciudad son otorgadas por la sangre del mediador, Cristo, la cual restaura y reconcilia.

Por otro lado, este texto dice que la iglesia se ha acercado a Dios, quien es juez. Es importante señalar que aquí no se dice que la congregación de los justos está sumida en el mismo temor que sintieron los israelitas al estar frente al monte Sinaí. Ellos no están parados allí con temor, sino con gozo y adoración porque están delante del juez junto con el mediador del Nuevo Pacto, Cristo, quien los ha perfeccionado. Vale la pena decir que la perfección en Hebreos está relacionada con Cristo. Nadie podía obtener la promesa eterna lejos de la perfección y méritos de Cristo, lo cual coloca en perspectiva los ejemplos de Hebreos 11.

Al seguir con la lectura, vemos que el autor habla acerca de un estremecimiento escatológico, es decir una especie de último gran temblor, que indica una transformación o remoción al final de los tiempos. Esta es una idea que el autor toma de Hageo 2:2-9, en donde Dios asegura la restauración gloriosa de su templo tras juzgar al mundo. De esta manera, el autor de Hebreos está enfatizando la certidumbre de la venida del juicio de Dios, la restauración de su creación y el establecimiento eterno de la adoración en la Jerusalén celestial. Cabe notar que, en esta carta, la idea de permanecer o permanencia está asociada en términos generales con el Hijo, especialmente con su sacerdocio eterno (Heb 7) y con la eterna posición de los creyentes en él (Hb 10).

Cuando llegamos a los últimos versículos de esta sección encontramos cuál debería ser la respuesta de los creyentes a lo que acabamos de leer. Según el autor de esta carta la gratitud y la adoración son las respuestas apropiadas a la perfección del Hijo, a su trono eterno, a su majestuosidad como rey y sacerdote y a los beneficios de su gracia para perfeccionarnos y hacernos herederos y ciudadanos de la Jerusalén celestial.

Hay un último asunto que quisiera que observemos. Esto es algo que pude haber dicho al principio porque tiene que ver con el primer versículo. Sin embargo, siendo flexible con mi metodología y queriendo ayudarlos a ampliar el espectro de nuestra reflexión con respecto al resto de la carta, he decidido dejarlo para el final. En la NVI leímos el principio del versículo 18 así: “Ustedes no se han acercado a una montaña…”. El texto griego comienza con las palabras “οὐ γάρ”, lo cual traduciríamos como “porque no”, tal como es hallado en otras traducciones como la Nueva Biblia de las Américas. De esta forma leeríamos el versículo 18 así: “Porque ustedes no se han acercado a una montaña…”. Este comentario resulta importante y relevante porque establece una relación lógica con los versículos 12-17. Esta relación determina que en los versículos 18-29 están las razones por las cuales lo dicho en los versículos 12-17 puede y debe ser realizado. Las razones por las cuales las manos cansadas y las rodillas debilitadas de un cristiano pueden ser fortalecidas. Asimismo, estas serían las razones por las cuales un cristiano puede y debe buscar la paz con todos, procurando la santidad. También puede y debe arrepentirse y cuidar de sus hermanos y caminar con ellos hasta entrar juntos a la Jerusalén celestial. Esta misma lógica podría ser aplicada a otras secciones de esta carta y son consecuentes con la respuesta de gratitud y adoración a la perfección del Hijo del Dios que ha obrado a favor de los creyentes.

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